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Trolls y bots en la campaña de Juntos Somos Río Negro. Demasiado notorio

“El camino al éxito político no puede evitar pasar por el entorno digital”, narran los periodistas Pablo Boczkowski y Eugenia Mitchelstein en El Entorno Digital. En Argentina y el mundo, las redes sociales vienen marcando el ritmo del debate político desde hace años. Eso ya no sorprende. Sin embargo, en Río Negro, su uso parecía hasta ahora mucho más orgánico y menos forzado que lo evidenciado en el reciente lanzamiento de campaña de Juntos Somos Rio Negro (JSRN). Cuentas con escasos seguidores y nula actividad salieron a relucirse en los comentarios e inundaron de «corazones verdes» el spot de presentación de los candidatos oficialistas al Congreso.

La página Literal.ar realizó un análisis de una maniobra «inédita» (por lo evidente de su ejecución) en la escena provincial.

¿En qué consiste esta estrategia?

El lanzamiento de campaña, tras las críticas de Pesatti

El 23 de julio a las 8:20, JSRN oficializó su lista de candidatos para las elecciones del 26 de octubre a través de las redes sociales de su presidente Alberto Weretilneck. El anuncio llegó casi 22 horas después de que el vicegobernador Pedro Pesatti manifestara su malestar por haber sido desplazado de la contienda al Senado, lugar que finalmente ocupó el legislador Facundo López.

Pero más allá de la interna política, otra situación se desató tras la publicación del anticipado spot de campaña: la aparición masiva de comentarios que salieron a respaldar las postulaciones, en un formato de aparente automatización. El episodio no pasó desapercibido entre los usuarios, que rápidamente advirtieron la maniobra. De hecho, varios dejaron comentarios irónicos, y el legislador José Luis Berros también se sumó a las críticas desde sus redes sociales.

“Hola @Weretilneck, paso por acá para preguntarte cuánto nos sale a los rionegrinos el ejército de trolls que sacaste para las publicaciones del devenido candidato. Muy obvios”, escribió el dirigente de Vamos con Todos.

Según un relevamiento de Literal, al menos 97 de los 230 comentarios compartidos en la publicación de Instagram replicada en las cuentas de Weretilneck, Andrea Confini, Juan Pablo Muena y Facundo López— corresponden a cuentas consideradas bots. 

El rastreo se realizó de forma manual, tomando como criterio la ausencia de publicaciones en los perfiles, la escasa o nula cantidad de seguidores y otros indicadores de baja actividad genuina -como la utilización de imágenes hechas con inteligencia artificial para ilustrar el perfil-

Es decir, al menos el 42% de los comentarios provinieron de cuentas con un formato de aparente automatización. Una particularidad de estos mensajes es su correcta ortografía, que contrasta con el estilo más informal y desprolijo que suele observarse entre los usuarios reales. Todos los mensajes terminan con los emojis característicos de las campañas electorales del oficialismo provincial: corazones y tildes verdes.

Algunos ejemplos son:

“No queremos representantes que viajen a levantar la mano. Queremos quienes hablen por nuestra provincia”

“Juntos Somos Río Negro no va a negociar la provincia para quedar bien con ningún jefe de partido nacional.

“Juntos Somos Río Negro no va a negociar la provincia para quedar bien con ningún jefe de partido nacional.

“Defender el proyecto rionegrino es apostar por lo nuestro, con identidad y sin obediencia a intereses externos ”

Ejemplo de las cuentas que comentaron en el posteo.

Estos comentarios también se replicaron en la publicación de Facebook. Sin embargo, en los restantes spots subidos horas más tarde no volvieron a registrarse publicaciones de cuentas fantasmas.

Curiosamente, en X (ex Twitter), el gobernador no publica desde el 15 de julio, por lo que el spot no fue publicitado en esa red.

El secretario de Medios de Río Negro, Gustavo Glave, quien además ha difundido comunicaciones referidas a candidatos oficialistas, aseguró a este medio«no estar al tanto» sobre la implementación de mensajes aparentemente automatizados en las publicaciones de campaña.

En paralelo, los mensajes también hicieron su aparición en las redes del diario Río Negro. A través de un posteo de Facebook, lanzado el mismo día a las 9:07, el medio dio a conocer la lista de candidatos. En la sección de comentarios se replicó el mismo tipo de contenido que se visualiza en la cuenta de Weretilneck:

Captura de la publicación del medio.

El objetivo: ¿apoyo o ataque?

La Agencia de Ciberseguridad y Seguridad de las Infraestructuras (CISA), dependiente del Departamento de Seguridad Nacional de los Estados Unidos, define a los bots en rdes sociales como “programas automatizados que simulan interacción humana”. Estos mecanismos se nutren de inteligencia artificial y análisis de big data, “con el fin de dar una falsa impresión de apoyo u oposición auténticos, formulada con la intención de parecer generada por un impulso orgánico común sobre un tema de interés público”.

Este tipo de intervención en el universo digital se diferencia del rol de los trolls, un término que describe a quienes envían mensajes provocativos o fuera de contexto con el objetivo de molestar o desviar el sentido de una conversación pública.

El especialista en comunicación política y director de Estudio Par Consultores, Lasse Paniceres, analizó que estos recursos cumplen dos funciones claras en una campaña electoral: generar paranoia en el contrincante político y reforzar la imagen de fortaleza ante seguidores o sectores afines.

“Una provocación sin contenido de fondo no cambia la voluntad del elector. Uno podría decir que las redes manipulan a la gente, pero no es el caso del uso de bots o trolls. Se cree —dentro del espectro político— que con un ejército de trolls se puede voltear una elección, pero en realidad lo único que podés lograr es que al dirigente rival le suba la presión y termine en el médico de la paranoia. Subís un posteo y los comentarios van con insultos hacia él”, sostuvo en diálogo con Literal.

Hasta la campaña a Diputados de 2023, la estrategia del oficialismo provincial se basaba en generar apoyos orgánicos en redes sociales, principalmente a través de la militancia. La directriz era clara: impulsar mensajes de respaldo que, en la práctica, se traducían en frases breves cargadas de emojis. Sin embargo, en esta nueva contienda, la táctica parece haber virado, con el objetivo de exhibir un poder y un alcance digital más contundente.

No obstante, Paniceres advirtió que el uso de bots no siempre responde a una acción directa del espacio que se busca beneficiar. Pueden ser promovidos tanto por militantes propios —con el objetivo de inflar artificialmente la campaña— como por sectores opositores que intentan exponer a una fuerza política. Una hipótesis similar se manejó en el escandaloso caso de “Satisface a Mauricio” y “Caricias significativas desde Hurlingham”, que involucró hace algunos años a la ya disuelta alianza Cambiemos.

“También puede tratarse de un ataque externo. Después de ‘Caricias significativas’, siempre queda la duda: o sos muy amateur, o te están haciendo una cama, dejándote en evidencia como si hubieras contratado un servicio de bots. Y claro… nunca lo sabés del todo”, explicó.

Para Paniceres, este tipo de medidas no tienen un impacto real en el electorado ni se traduce en votos. De hecho, desestimó que generen efectos genuinos. “En términos políticos, el ciudadano no está tan pendiente de las redes como lo estamos nosotros. No está mirando si el Gordo Dan posteó, si puso like o no. La gente sigue su algoritmo, y ese algoritmo la lleva a ver lo que le gusta”, concluyó.

Los bots en Río Negro ¿al cruce de opositores?

Días atrás, desde La Libertad Avanza Río Negro (LLA) se pronunciaron públicamente contra el respaldo económico del Gobierno provincial a la empresa Alpat. Sostuvieron que el oficialismo estaba financiando al empresario Cristóbal López, propietario de la productora de carbonato de sodio ubicada en San Antonio Oeste.

La denuncia fue replicada el pasado 15 de julio en la cuenta del sociologo Gonzalo Barbero, director de la Escuela de Formación Política de LLA y asiduo generador de contenido libertario. La publicación recibió más de un centenar de comentarios, varios provenientes de las mismas cuentas que, apenas ocho días después, respaldaron la campaña oficialista durante la presentación de listas.

Por ejemplo, la cuenta @lautaro_lamarquez comentó en el perfil de Barbero:

“Mientras cientos de vecinos luchan por mantener su empleo, Villaverde milita para que los echen. ¿Así piensa construir futuro para San Antonio?”

Ese mismo usuario —que solo tiene cinco seguidores y una imagen de perfil generada con inteligencia artificial— publicó en la cuenta de Weretilneck:

“En Juntos Somos Río Negro no hay obediencia partidaria. Hay lealtad al pueblo de esta provincia. ”

Otro caso similar es el de la cuenta @carlos_garcia23199, un perfil prácticamente inactivo, creado en junio. El 15 de julio escribió:

“¿En serio Villaverde apoya cerrar una fuente de trabajo en su propia ciudad? ¿Qué clase de representante abandona a su gente así?”

Y días después, en la cuenta del mandatario, dejó este mensaje:

“Defender el proyecto rionegrino es apostar por lo nuestro, con identidad y sin obediencia a intereses externos. ”

Más allá del efecto puntual de la campaña

Lila Luchessi, directora del Instituto de Investigación en Políticas Públicas y Gobierno de la Universidad Nacional de Río Negro (IIPPyG – UNRN), sostuvo a este medio que las estrategias de comunicación por bots en redes sociales (tanto para criticar a opositores como para manifestar apoyo) no persiguen otro propósito más que el de ganar elecciones. Sin embargo, advirtió sobre los efectos colaterales que muchas veces se desconocen o subestiman, como la intensificación de la violencia simbólica y la indiferencia social.

«Si bien los medios y las plataformas digitales suponen una democratización del espacio, el usuario no necesariamente está en pie de igualdad frente a la información que circula. Es muy difícil para una persona común saber si eso que ve es cierto o no«, explicó. En ese sentido, precisó que los mensajes que aparecen en las plataformas —muchas veces inverosímiles— van creando determinados «climas» sociales.

Para Luchessi, el sesgo de confirmación también ayuda a que esos mensajes incidan más allá del entorno digital: “Esto existe desde que el periodismo apareció como herramienta de opinión pública. Donde determinadas informaciones, con posibilidades de generar discusión, tienden a sustentarse afirmaciones o creencias que en la mayoría de los casos no tienen ningún sesgo real”.

En ese sentido, los mensajes masivos de apoyo a un espacio político —incluso si provienen de cuentas automatizadas— pueden tener un efecto confirmatorio en quienes ya simpatizan con ese sector. Sin embargo, para la investigadora, el problema más profundo radica en otro fenómeno: la indiferencia política que pueden generar.

«En los años 80, Eliseo Verón escribió un breve texto en el que clasificaba a los públicos de una campaña política en tres categorías: los prodestinatarios —los propios, que ya están convencidos—; los contradestinatarios —los que están en la vereda opuesta y que no van a cambiar de postura—; y un tercer grupo de indecisos, dubitativos y los que no están ni a favor ni en contra porque, simplemente, no le interesa el tema: los indiferentes«, recordó.

Y amplió: “Esa figura del indiferente es muy útil para pensar el presente. En una medición reciente del Reuters Institute, el 40% de los argentinos afirmó que evita informarse a propósito. Lo hacen porque sienten que la información los intoxica, no les interesa o creen que no les afecta directamente».

Luchessi subrayó que estas actitudes tienen consecuencias que exceden la política electoral. “Se dan correlaciones preocupantes, porque no solo afectan nuestras decisiones a la hora de votar, sino también otras más profundas, como la capacidad de conmovernos o actuar frente al sufrimiento ajeno. Por ejemplo, al pasar de largo cuando ves un indigente durmiendo en la calle o cuando se ataca a un viejo con un bastón en una manifestación pública».

Y agregó: “Hay que mirar estas relaciones que hay entre el tipo de información que se consume y la que se evita, el grado de conducta evitativa sobre el cumplimiento del derecho y la responsabilidad del deber cívico; y los resultados concretos que tiene eso culturalmente».

Por otro lado, recalcó que la creación de estos climas sociales no recae únicamente en trolls o bots, sino también en la actitud de la propia ciudadanía. “La mayoría de los que participan acaloradamente en discusiones —ya sea en secciones políticas, económicas, etc.— no son necesariamente granjas de trolls. A veces son simplemente personas con ganas de pelearse con la humanidad, con sed de sangre y dispuestas a insultar por cualquier cosa”, explicó.

Según la especialista, la emocionalidad exacerbada de las campañas políticas en los últimos 15 años contribuyó a esta dinámica. “Se ha apelado a emociones tan básicas que, en cualquier momento, aparecemos con los garrotes y terminamos todos como los hermanos Macana. El nivel de violencia sigue escalando porque ya no hay argumentos sólidos ni a favor ni en contra de ninguna decisión. Solo queda la reacción”, concluyó.